viernes, 2 de septiembre de 2016

Dos pensamientos reflejados en el lago.



Nunca pensé que yo sería una chica de sueños imposibles. Debí imaginármelo cuando estaba sola en el lago deseando ser invisible. Debí imaginármelo cuando estaba sonriendo a un reflejo que tomaba una decisión inamovible. Debí imaginármelo; como imaginé que vendrías a quitarme la culpa que me hacía sumergible. Sumergida en un caos del que quiero escapar, como una guerra en la que todos somos invencibles. Debí imaginarme que las estrellas fugaces solo cruzan el cielo, un lugar para mí inaccesible. Por eso caí al agua, para buscar mis sueños en la negrura del abismo. Donde no puedes tenerme. Donde tú eres chipa y yo soy combustible.

Nunca pensé que yo sería un chico de sueños rotos deseando recomponerme. Debí imaginármelo cuando no elegía los labios en dónde perderme, antes de verte. Antes de verte reflejada en la falsa esperanza de la muerte. Debí imaginármelo; como imaginé desnudarte de espaldas. Como imaginé acompañarte en la velada, y acabar por convencerte de que la noche es para los que sueñan con cumplir sus sueños. Debí imaginarme que saltarías a coger esa estrella fugaz. Y cuando más me debía, me imaginé enamorándome de quién busca estrellas dentro del agua, donde el silencio retumba. Donde no puedo tenerte. Donde ya no puedo encontrarte.

¿Te quedas conmigo? Aquí en el fondo he encontrado el cielo. No sé qué has hecho. No te veo pero no he dejado de soñarte. Me preguntaba a qué sabe el amor, y solo encuentro la respuesta en tus labios. Esos labios que no he sentido antes. Déjame amarte, aunque sea tarde. Al menos, ¿al mar te vienes? Porque veo tus ojos y me inundas. Ven rápido. Mientras bajo me ahogo si no consigo alcanzarte.


¿Dónde estoy?¿Por qué te busco si ya te encontré? Sal de ese lago ennegrecido que quiero mirarte otra vez y volver a sentirme querido. Quiero perder; perder el miedo a enamorarme de alguien sin que se quede sin flechas Cupido, antes de que tu sonrisa empiece a anochecer. Pero ya no te veo en la superficie, ni siquiera sé dónde te pudiste caer. Está todo perdido, yo incluido. Aquí no ha parado de llover desde que te fuiste. Lloro una pérdida que no pude tener. Hasta luego, pequeña. Creía que nunca dejarías de creer.

¿Te vas? ¿Tan pronto? Si esto acaba de comenzar. Espera, que a lo mejor soy yo echando marcha atrás, sin frenos, y sin lugar en el que parar. Me muerdo el labio de impotencia. Estoy en caída libre, y yo fui la que decidió saltar. Sin paracaídas. Tan solo sueños de papel y poco más. ¿Volar? Más bien caer: caer sin que puedas volverte a levantar. No sé si mirarte. No merezco tu forma de amar. Eres la Luna que gira alrededor de mí, y yo un pirata que solo buscaba libertad. Eres mi mitad en este espejo, y por tanto no logramos encajar. Y tú no has encajado mi despedida, y por eso te has marchado por igual. En la misma dirección, buscando limpiar las lágrimas de cristal que me buscan sin cesar. Que la lluvia no te engañe. Nadie por mí va a llorar.


Me voy. ¿Era eso lo que querías? Aunque tú me hayas olvidado, yo busco estelas de día. Quiero que volvamos al momento en el que seguías con vida. No quedan dientes de león que no haya arrancado. Me faltan noches para olvidar tu despedida.

Si consigues ver una estrella fugaz en la profundidad del lago, pide un deseo. Porque me he dado cuenta de que yo ya no puedo.

Ahora yo estoy hecho de sueños imposibles.
Ahora soy yo el que está ahogado.