Te veo ahora mismo, o quiero llegar a verte. Sábado por la
noche. No sabría decirte hora, o más bien no me atrevo a decírtela. Si apenas
tuve valor para escribirte, era evidente que no iba a ser valiente a la “hora
de la verdad”. Pero esta vez, me voy a mojar. Podría ser entre las 10 y las 12,
para lo cual, debo suponer que tus ojos juguetones no podrían esperar más
tiempo, y necesitaban una inyección de lectura. Quizá, sean las 3AM y no puedas
dormir, y quieras descansar tu vista en este texto a medio hacer, y que poco a
poco, eres tú la que lo construye en el palacio de la imaginación. O puede que
no sea ni lo uno, ni lo otro, y que solo te apetezca descubrir lo que este
autor trae para ti.
Sí, porque este texto es tuyo. Tiene tu nombre. Es especial,
y eso te cautiva. Es como una pieza única de un museo. Es como un fragmento de
vida, en un papel sin argumento. Una biosfera creada exclusivamente para ti. Tu
huella dactilar se puede definir entre estas palabras. Es como una obra de arte
dedicada, pero sin ser arte. El arte se lo pones tú.
Te muerdes el labio mientras te sientas para leerlo. Lees con
detenimiento, buscando la belleza esperada. Buscando esa elegancia que te haga
sonreír, y no despegar tu vista del papel. Esa vista, que me cautiva. Y es que,
este papel es especial. Es un papel privilegiado por haber sido leído por esos
ojos color “no lo sé ni yo”. Y te ríes, porque no sé de qué color son tus ojos
a pesar de lo mucho que los admiro. A pesar de lo mucho que me gustan. Lo que
sí sé es que son dos perlitas, que muchos han buscado, y pocas veces han
encontrado. Y yo soy un minero agotado, que ve en tus ojos, el motivo de tanto
esfuerzo. Y sonrío, cuando los miro con detenimiento, como si hubiera
encontrado la Octava Maravilla. Tú sonríes con mi sonrisa, porque no entiendes
el motivo de la misma, y eso te inquieta. Pero volvamos al presente. Tus ojos
han llegado hasta aquí, has llegado a esta línea. Quizás sorprendida, quizás
decepcionada
Pasemos pues a lo interesante. Pasemos de escribir a recitar.
Las manos que han escrito estas palabras están deseosas de tocar las que
sujetan ahora este papel. Mis brazos, solo quieren encontrar ese peluche
achuchable que tú dices ser (y te creo). Y pelearé por ello, hasta que llegue
el último atardecer, hasta que el otoño empiece a envejecer y les salgan canas hasta
en los pies. Pero muchas veces, el protagonista no suele vencer. Este puede ser
uno de esos casos (quien sabe) y quizás no te llegue a ver. Y con ello, no
puedas comprobar mi miedo a la noche, mis risas, tus reproches, mis besos, tus
colores. Tus abrazos, los míos el doble. Cuando lo leas, estaré a kilómetros de
ti. Pero este texto, estará a menos de un metro. Y si le doy la esencia
suficiente, puedo llegar a ser yo mismo la tinta impresa en él, y estar a solo
centímetros de tus ojos verdes-grises-azules, o de cualquiera de los tintes
imposibles. Por ello, este texto soy yo, y es para ti. Sonrío desde casa, al
verte sonreír. ¿Para que están los amigos, si no es para quererlos hasta un
sinfín de eternidad? Un sinfín de felicidad. El amor. La amistad. Todos
conceptos abstractos, pero que son los que se sienten el alma. Llamémoslos
sentimientos ocultos. Porque me costará soltarlos de esas cadenas oxidadas. Sin
saber los efectos, sin saber lo que fecundo. Y es que ocultar tiene el riesgo
de no saber. Y no saber tiene el riesgo de desperdiciar. Pero no sé por qué te
suelto esto, quizás para rellenar más este papel. Cuanto más ponga, más tendrás
que leer y más tendrá que aguantar “el búho”. No soy tan malo anda, tan solo
soy uno de los tuyos. Uno de esos que matarían por llevarte el desayuno, o ser
uno de los que están contigo hasta que cierres la puerta y tornes el seguro.
Querría ser, pero cuesta. Te conozco de una vez en
Nochevieja. Y más tarde, de otras noches, con el móvil, contigo despierta. Con
infinidad de promesas, y de falsas esperanzas. De abrazos vacíos, de buenas
noches a distancia. De oportunidades malgastadas, de mensajes por la mañana. Y
sin quererlo, me metí en tu casa, en forma de sobre, en forma de carta. No es
lo mismo, porque si fuera yo el que te tiene en sus manos, te daría más
conversación. O no, quien sabe. A lo mejor me quedaba mirando tus ojos, hasta
que te despertarás y me dijeras “adiós”.
Pero ya es tarde, y estarás cansada. Puedo ver tus ojeras,
puedo oler tu mirada. Tus ojos quizás no terminen cada línea, o pasen párrafos
de pasada. Es cierto que es tarde, o quizás esto sea un bostezo de princesa
encantada. No creo, porque tú no descansas, tú despiertas al alba. Y si alguien
te diera una manzana (sandía) envenenada, tardaría años en hacerte efecto.
Quizás por eso, no hemos hablado antes, porque ahora te ha llegado el efecto de
mi picadura literaria. Pero no te preocupes, no es nada, es prácticamente
inmune a tu corazón de ballena varada. Porque quiero conocer ese corazoncito,
que ha sido dañado. Sola y desolada. Pero eh, aquí estamos todos los demás para
que ese corazón, sea el más privilegiado. Para que sonría, con cada segundo,
con cada latido, con cada día en este mundo. Los amigos pueden llegar a hacer
eso, y yo quiero llegar a ser uno de ellos. Así que estaré esperando en
Badajoz, por sí algún día te acercas, o si quieres, pásate a menudo por estas
tierras. No es Vigo, pero parecido. No es Socuéllamos, pero tiene su encanto.
Estoy yo, al menos. No sé si te sirve de algo.
Aun así, estoy sin ideas. La poesía ha dejado de hacer
efecto, y la novela ahora corre por las venas. Creo que te lo digo todo, pero
en realidad no te digo nada. Pero bueno, todo lo entenderás con el paso del
tiempo. Ahora vive, y no mires atrás. Sonríe como si no hubiera un mañana. Vive
para contarlo. Cuenta para vivirlo otra vez. Sueña. Sueña, pero no hace falta
cerrar los ojos. Y menos esos ojos, esos ojos que fulminan la mirada conectada
entre tú y otra víctima de tu flechazo de color. Vive el rock. Haz que esa
mítica frase “Pizza, sexo y Rock n´ Roll” no sea un tópico, sino tu vivir
diario. Despiértate cada mañana con eso que te hace feliz. Felicítate a ti
misma por haber sido fuerte, y no escuchar al iceberg que quería hundir tu
barco. Ese barco, en el que me dejaste subir, después de estar naufragando por
esas frías aguas. Y por eso ahora te digo que no sueltes el timón, sigue tu
camino. No busques el destino, sino que sea él el que te busque. Busca la
verdad, y no hagas que la mentira se alce con la victoria. Vence a tus malas
hierbas, y siembra el mejor cultivo. Cultiva tu mente, cultiva tu corazón. Que
no te digan que sentir. Que el sienta lo que quiera. Quiere con ganas aquello
que te importe y no lo sueltes. Solo suelta esas cadenas que te apresan, y con
ellas encadena la vergüenza. Yo conocí a esa Agostina. Muestra al mundo quien
eres tú. Muestra al mundo, que no solo hay una Argentina. Hay dos, y una está
en mi vida. Esa eres tú. Y me alegro de decirte que ojalá sigas aquí hasta que
nos aburramos de contar arrugas. Buenas noches. Te quiero.

No hay comentarios:
Publicar un comentario