sábado, 12 de julio de 2014

Dos estrellas perdidas. Dos sueños cumplidos.



Te veo ahora mismo, o quiero llegar a verte. Sábado por la noche. No sabría decirte hora, o más bien no me atrevo a decírtela. Si apenas tuve valor para escribirte, era evidente que no iba a ser valiente a la “hora de la verdad”. Pero esta vez, me voy a mojar. Podría ser entre las 10 y las 12, para lo cual, debo suponer que tus ojos juguetones no podrían esperar más tiempo, y necesitaban una inyección de lectura. Quizá, sean las 3AM y no puedas dormir, y quieras descansar tu vista en este texto a medio hacer, y que poco a poco, eres tú la que lo construye en el palacio de la imaginación. O puede que no sea ni lo uno, ni lo otro, y que solo te apetezca descubrir lo que este autor trae para ti. 

Sí, porque este texto es tuyo. Tiene tu nombre. Es especial, y eso te cautiva. Es como una pieza única de un museo. Es como un fragmento de vida, en un papel sin argumento. Una biosfera creada exclusivamente para ti. Tu huella dactilar se puede definir entre estas palabras. Es como una obra de arte dedicada, pero sin ser arte. El arte se lo pones tú.

Te muerdes el labio mientras te sientas para leerlo. Lees con detenimiento, buscando la belleza esperada. Buscando esa elegancia que te haga sonreír, y no despegar tu vista del papel. Esa vista, que me cautiva. Y es que, este papel es especial. Es un papel privilegiado por haber sido leído por esos ojos color “no lo sé ni yo”. Y te ríes, porque no sé de qué color son tus ojos a pesar de lo mucho que los admiro. A pesar de lo mucho que me gustan. Lo que sí sé es que son dos perlitas, que muchos han buscado, y pocas veces han encontrado. Y yo soy un minero agotado, que ve en tus ojos, el motivo de tanto esfuerzo. Y sonrío, cuando los miro con detenimiento, como si hubiera encontrado la Octava Maravilla. Tú sonríes con mi sonrisa, porque no entiendes el motivo de la misma, y eso te inquieta. Pero volvamos al presente. Tus ojos han llegado hasta aquí, has llegado a esta línea. Quizás sorprendida, quizás decepcionada

Pasemos pues a lo interesante. Pasemos de escribir a recitar. Las manos que han escrito estas palabras están deseosas de tocar las que sujetan ahora este papel. Mis brazos, solo quieren encontrar ese peluche achuchable que tú dices ser (y te creo). Y pelearé por ello, hasta que llegue el último atardecer, hasta que el otoño empiece a envejecer y les salgan canas hasta en los pies. Pero muchas veces, el protagonista no suele vencer. Este puede ser uno de esos casos (quien sabe) y quizás no te llegue a ver. Y con ello, no puedas comprobar mi miedo a la noche, mis risas, tus reproches, mis besos, tus colores. Tus abrazos, los míos el doble. Cuando lo leas, estaré a kilómetros de ti. Pero este texto, estará a menos de un metro. Y si le doy la esencia suficiente, puedo llegar a ser yo mismo la tinta impresa en él, y estar a solo centímetros de tus ojos verdes-grises-azules, o de cualquiera de los tintes imposibles. Por ello, este texto soy yo, y es para ti. Sonrío desde casa, al verte sonreír. ¿Para que están los amigos, si no es para quererlos hasta un sinfín de eternidad? Un sinfín de felicidad. El amor. La amistad. Todos conceptos abstractos, pero que son los que se sienten el alma. Llamémoslos sentimientos ocultos. Porque me costará soltarlos de esas cadenas oxidadas. Sin saber los efectos, sin saber lo que fecundo. Y es que ocultar tiene el riesgo de no saber. Y no saber tiene el riesgo de desperdiciar. Pero no sé por qué te suelto esto, quizás para rellenar más este papel. Cuanto más ponga, más tendrás que leer y más tendrá que aguantar “el búho”. No soy tan malo anda, tan solo soy uno de los tuyos. Uno de esos que matarían por llevarte el desayuno, o ser uno de los que están contigo hasta que cierres la puerta y tornes el seguro.

Querría ser, pero cuesta. Te conozco de una vez en Nochevieja. Y más tarde, de otras noches, con el móvil, contigo despierta. Con infinidad de promesas, y de falsas esperanzas. De abrazos vacíos, de buenas noches a distancia. De oportunidades malgastadas, de mensajes por la mañana. Y sin quererlo, me metí en tu casa, en forma de sobre, en forma de carta. No es lo mismo, porque si fuera yo el que te tiene en sus manos, te daría más conversación. O no, quien sabe. A lo mejor me quedaba mirando tus ojos, hasta que te despertarás y me dijeras “adiós”.

Pero ya es tarde, y estarás cansada. Puedo ver tus ojeras, puedo oler tu mirada. Tus ojos quizás no terminen cada línea, o pasen párrafos de pasada. Es cierto que es tarde, o quizás esto sea un bostezo de princesa encantada. No creo, porque tú no descansas, tú despiertas al alba. Y si alguien te diera una manzana (sandía) envenenada, tardaría años en hacerte efecto. Quizás por eso, no hemos hablado antes, porque ahora te ha llegado el efecto de mi picadura literaria. Pero no te preocupes, no es nada, es prácticamente inmune a tu corazón de ballena varada. Porque quiero conocer ese corazoncito, que ha sido dañado. Sola y desolada. Pero eh, aquí estamos todos los demás para que ese corazón, sea el más privilegiado. Para que sonría, con cada segundo, con cada latido, con cada día en este mundo. Los amigos pueden llegar a hacer eso, y yo quiero llegar a ser uno de ellos. Así que estaré esperando en Badajoz, por sí algún día te acercas, o si quieres, pásate a menudo por estas tierras. No es Vigo, pero parecido. No es Socuéllamos, pero tiene su encanto. Estoy yo, al menos. No sé si te sirve de algo. 

Aun así, estoy sin ideas. La poesía ha dejado de hacer efecto, y la novela ahora corre por las venas. Creo que te lo digo todo, pero en realidad no te digo nada. Pero bueno, todo lo entenderás con el paso del tiempo. Ahora vive, y no mires atrás. Sonríe como si no hubiera un mañana. Vive para contarlo. Cuenta para vivirlo otra vez. Sueña. Sueña, pero no hace falta cerrar los ojos. Y menos esos ojos, esos ojos que fulminan la mirada conectada entre tú y otra víctima de tu flechazo de color. Vive el rock. Haz que esa mítica frase “Pizza, sexo y Rock n´ Roll” no sea un tópico, sino tu vivir diario. Despiértate cada mañana con eso que te hace feliz. Felicítate a ti misma por haber sido fuerte, y no escuchar al iceberg que quería hundir tu barco. Ese barco, en el que me dejaste subir, después de estar naufragando por esas frías aguas. Y por eso ahora te digo que no sueltes el timón, sigue tu camino. No busques el destino, sino que sea él el que te busque. Busca la verdad, y no hagas que la mentira se alce con la victoria. Vence a tus malas hierbas, y siembra el mejor cultivo. Cultiva tu mente, cultiva tu corazón. Que no te digan que sentir. Que el sienta lo que quiera. Quiere con ganas aquello que te importe y no lo sueltes. Solo suelta esas cadenas que te apresan, y con ellas encadena la vergüenza. Yo conocí a esa Agostina. Muestra al mundo quien eres tú. Muestra al mundo, que no solo hay una Argentina. Hay dos, y una está en mi vida. Esa eres tú. Y me alegro de decirte que ojalá sigas aquí hasta que nos aburramos de contar arrugas. Buenas noches. Te quiero.


No hay comentarios:

Publicar un comentario