viernes, 27 de junio de 2014

¿Caes del cielo? ¿O subo al cielo a por ti?

¿Por qué nos levantamos cuando sale el Sol y nos dormimos cuando desaparece del cielo?
¿Por qué estamos tristes, y aún así escondemos la tristeza en una sonrisa?
¿Por qué estamos tristes? ¿Por qué no se cumplen nuestros sueños?
Vemos la vida tan fácil, tan inocente y tan bonita que nos hace enamorarnos. Sí, nos enamoramos de la vida. Porque, al fin y al cabo, hay muchas chicas en esta vida. Pero vida solo hay una. Nos aferramos a ella, como un náufrago a una tabla en el océano. Nacemos con una mano en la tabla, y a lo largo de la vida, nos enseñan a poner la otra mano, y subirnos sobre ella (a resguardo, como quieren convencernos). ¿Pero, y si nos soltamos? ¿Y si, dejamos que sea el océano el que decida si vivir o morir? ¿Y si hacemos eso con la vida? Soltémonos de toda atadura. Sin riesgos ni limitaciones. No tengamos miedo a morir. Nacimos con diferentes propósitos. Cumplámoslos sin necesidad de obedecer, porque serán las olas las que nos lleven a la orilla, si de verdad es legítimo, o si el azar hace que lo merezcamos. Y es que, la vida es azar. No somos mas que un número del 1 al 6 en este dado cúbico. Somos probabilidades, somos porcentajes. Y eso es lo que nos hace especiales.
Sin embargo, yo me subí al barco de la seguridad. Al barco del miedo. Pretendo tener controlado todo desde aquí arriba, pero me pierdo la libertad del mar, la inseguridad de ahí abajo.
¿Y lo bonito que es saber que mañana quizás no salga el Sol? ¿O que hoy, sea el último día de nuestras vidas? Hay que vivir cada día como si fuera el último. Hay que sonreírle a la tristeza. Hay que hacerle cosquillas a tus mejillas mojadas. Hay que acariciarte, como si fueras tan solo un destello: una estrella fugaz que se perdió por el camino, y acabó en nuestras manos. Esas manos que ahora comparten deseos. Deseos que se alegran de habernos encontrado. Pero más nos alegramos nosotros de haberte perdido frente a nuestros ojos. Besarte hasta perder el sentido. Perder el sentido de nuestro primer beso, porque hemos perdido la cuenta. Sin darnos cuenta que seguimos besándonos, pero no nos importa. El día es largo, la noche es bella. Quizás seas noche, porque apareciste en ella. Quizás seas un trozo de Luna, que brilla como ninguna. Pero yo sé que eres estrella, porque te pedimos un deseo, sin llegar a entender, que tú tenías el mismo. Y no entendemos, por qué te decimos "Te quiero". Más bien, es "Te debo la vida". Tu apareciste, sin querer. Nosotros quisimos que "no quisieras". Pero el destino es caprichoso. Estabas destinada a estos labios. Y besabas, como si fuera tu primera vez. Pero, eres estrella. Vives para el cielo, ¿cuántas veces lo habrás besado? Por eso eres nuestro cielo. Besar el cielo, al besarte. Te conviertes en princesa, cuando nos besas. Princesa estrellada. Estrella con corona.
Yo tan solo soy un sapo, que no encuentra princesa. Unas vagan por el cielo, sin haberse transformado. Otras ya han sido deseadas. Por eso miro al cielo, pero no peleo por ninguna. Tan solo espero que una de esas estrellas, sea un meteoro. Yo no soy de los que tiran piedras al cielo, a ver si alguna cae. ¿Para que gastar pólvora de esta pistola sin recámara? Algún día, el cielo se caerá a pedazos. Ese día te veré. Te sonreiré. Y besaré el cielo por primera vez, aunque no sea de tus labios. Aunque sea el fin del mundo. Aunque muera en el intento.


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