Mi vida parecía tan perfecta. Quizás, esa creencia es lo que me mostró mi imperfección. Mi corazón parecía sólido, pero estaba hueco por dentro.
Y es que te buscaba sin saberlo.
Y es que te encontré sin creerlo.
Podías llenar mi vacío, sin ni siquiera saber tu nombre. Esas letras que lo configuran. Esas letras que cuando se juntan, hacen que desvíe mi mirada hacia el emisor de esa palabra mágica.
Y pensar en tí, irremediablemente me hacía pensar en nosotros. Porque tengo la sensación de que nuestros corazones laten para que otras personas noten su presencia. Pero mi corazón nunca pensó que podría encontrar a alguien como tú, por eso sonó mas fuerte y más rápido, con la intención de llamar tu atención.
A pesar de su intención, mi corazón pasa desapercibido en este mundo de latidos descontrolados.
Y es que arriesgué todo por tenerte enfrente y decirte a tu oído que te quiero. Pero en el espacio no se propaga el sonido, mi estrella fugaz. Fugaz, pero eterna en mi mente.
Y terminé por darme cuenta. Mi corazón, sólido en un principio, hizo lo posible por dejarte un hueco, para que lo llenarás tú.
Pero mi corazón no es un muelle. Es más bien hierro. Cuando lo fundes con una mirada, se hace moldeable. Pero con el tiempo, se solidifica, con la forma escogida.
Y no habrá forma de llenar mi soledad, si no es contigo. Mis latidos rebotan. Hay un eco en mi cuerpo, y ya no podrán volver a salir.
Tú eres la única que escuchaste mi melodía. Tú eres la única que puede despertarme, enseñarme a vivir. Eres tú, o nadie.
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