domingo, 3 de agosto de 2014

Vaciar nuestras almas, para llenar nuestras vidas.

Mi vida parecía tan perfecta. Quizás, esa creencia es lo que me mostró mi imperfección. Mi corazón parecía sólido, pero estaba hueco por dentro.
Y es que te buscaba sin saberlo.
Y es que te encontré sin creerlo.
Podías llenar mi vacío, sin ni siquiera saber tu nombre. Esas letras que lo configuran. Esas letras que cuando se juntan, hacen que desvíe mi mirada hacia el emisor de esa palabra mágica.
Y pensar en tí, irremediablemente me hacía pensar en nosotros. Porque tengo la sensación de que nuestros corazones laten para que otras personas noten su presencia. Pero mi corazón nunca pensó que podría encontrar a alguien como tú, por eso sonó mas fuerte y más rápido, con la intención de llamar tu atención.
A pesar de su intención, mi corazón pasa desapercibido en este mundo de latidos descontrolados.
Y es que arriesgué todo por tenerte enfrente y decirte a tu oído que te quiero. Pero en el espacio no se propaga el sonido, mi estrella fugaz. Fugaz, pero eterna en mi mente.
Y terminé por darme cuenta. Mi corazón, sólido en un principio, hizo lo posible por dejarte un hueco, para que lo llenarás tú.
Pero mi corazón no es un muelle. Es más bien hierro. Cuando lo fundes con una mirada, se hace moldeable. Pero con el tiempo, se solidifica, con la forma escogida.
Y no habrá forma de llenar mi soledad, si no es contigo. Mis latidos rebotan. Hay un eco en mi cuerpo, y ya no podrán volver a salir.
Tú eres la única que escuchaste mi melodía. Tú eres la única que puede despertarme, enseñarme a vivir. Eres tú, o nadie.


sábado, 26 de julio de 2014

Tiempo muerto.



Abro los ojos y ahí estás. No te has marchado todavía.

Te miro de reojo, como de costumbre, por si acaso eres un espejismo. Y sonrío. Sonrío tonterías.

Y esa sonrisa que me produces cuando te veo dormir a mi lado se ha convertido en una parte de mi vida. La otra parte eres tú, en la cornisa. Con risa. Tú sonrisa enmarcada en la ventana. 

Tus labios juegan conmigo, como las orcas con las focas. Como si fuera una pelota. Reboto, como rebota tu mirada en las paredes de mi casa. 

Me acerco a tu cara, y te suelto un beso indefenso en la mejilla. No quiero despertarte de tu vida en sueños. Sonríes, como lo harías ahí dentro. Sonríes, sin saber que estás durmiendo.

Quizás se me escape el primer “Te quiero” del día.

Se me escapa, para pillarte. La policía es un desastre. Nuestras esposas son eternas. Invisibles. Indivisibles. Inseparables.

Son caricias en tu espalda. Latigazos silenciosos. Son súplicas del viento, que haría lo que fuera por salir de tu boca. Peinado por tu lengua. Silbado por tus labios barnizados.

Y se me escapa, para que no te marches de mis gritos asustados. De mis días a tu lado. Aunque me dijiste que te irías. Pronto, o quizás, ya te has marchado, y mi mente se niega. Te crea. Apereces en la historia, aunque fueras telonera.

Tacho los días que faltan para verte, en la silueta que dejaste en mi cama. Como tachaba las heridas de nuestras batallas. Peleando juntos, otras frente a frente. Ahora peleo con mi cuerpo, por dejar que te marcharas.

Algunos decían que tu boca era un sitio para perderse. Yo me sé cada uno de sus rincones escondidos. Hice pactos de sangre con todas las partes de tu cuerpo. Desde tus pies hasta el cielo. Saboreando cada instante. Besando lo desconocido.

Pero más que perderme en ti, encontré mi vida en tus comisuras. Con mesura. Sin perder el tiempo.

Tiempo que envidiamos por volar, a pesar de ser tan pesado. Tiempo que enseña, sin haber sido enseñado, tan solo en(tren)ado. Tiempo que sabe mostrar el camino a los desamparados.

Pero no sabe todo.

Y es que esperamos que el tiempo escriba el final de esta historia de amor, pero las agujas del reloj no llevan tinta en su punta. Por eso, la tinta la ponemos nosotros. 

domingo, 20 de julio de 2014

Las primeras palabras...

“BUENAS, me llamo Jesús, no sé si me reconocerás del comedor”. Éstas fueron las primeras palabras que notaron sus poros, que notaron su cuerpo. Pero las palabras no fueron los marineros de ese continente descubierto. Mis ojos ya se habían fijado en ella antes, aparecida en mapas amarillentos. Por ello, mis dos trozos de ónice negro, estuvieron buscando el modo de atracar en su vida, en sus días y en sus sonrisas. Soñaban con ella de noche y de día. No solo mis ojos, también mis labios. Ellos eran como un niño con el sueño de viajar a la Luna: querían aterrizar en su paisaje lunar. 45 años desde que la pisaron. 3 años contigo. Que le den a la Luna, como tú no hay ninguna. Sé que es un tópico, pero me encanta esa comparación. Lunares, pequitas,… Manchitas que la definen sin razón, como jugando al escondite, al escondite más maravilloso. Algunos no le dan importancia, a mí me dan la vida. Son tesoros escondidos en su rostro, monedas de oro oxidado, que muchos desearían recoger a besos. Besos eternos. Besos trotamundos que viajan por su cuerpo. Un tren, con paradas obligadas como su mejilla, sus labios, su cuello y su pelo “guerrero” por la mañana. Esos labios, que son siameses de todos los nuestros. Pero los suyos se quedaron con la parte vital, por eso necesitamos juntarlos de nuevo. Es difícil no bajar la mirada a estos dos hermanos, que mueren por juntarse con ellos, o con otros. Porque yo los he visto tanto, que me sé sus franjitas de memoria. Paso el dedo por sus labios, y te digo la persona. Te cuento su historia. Son rendijas, que encajan unas con otras, como un puzle amoroso. Son valles, por los que me perdería sin pensarlo. Sin brújula y sin mapa. Esa forma, es difícil de trazar con lápiz y papel. Por eso le digo que mire para otro lado, para poder disfrutar de esa belleza perfilada. O quizás seas tú, él que te quedas mirando sus canicas de cobre, sus perlas de caoba soleada. Muchas sonrisas en la cabeza, pero ha habido pocas como la primera que me brindó. Ojos juguetones pero tímidos que buscaban nuestra conexión. Sin embargo, un vistazo no sirve para nada. Ella es como una vista panorámica, hay mucho más para disfrutar de lo que cabe en una mirada.

NOCHES de verano. Noches de estrellas. Estrellas, tan brillantes como ella. Ella, que se niega a reconocerlo, y me dice “Estás tonto” cuando le digo la verdad, aunque le cueste creerlo. No miento, cuando digo lo que siento. Lo siento, si la mentira me envenena. Pero no hay mayor cura, que la vida sincera. Sinceridad, que quiere besar sus oídos escondidos. Oídos, que verán luz, cuando esa mano privilegiada le recoja el pelo para besarla. Cada parte de su cuerpo cree en mí, aunque todo parezca perdido. ¿Perdido? Perdido es como se encuentra uno al verla. Más que verla, admirarla. Ha habido casos, que hasta se han frotado los ojos, ante la incredulidad de lo que apreciaban sus bolas de color, cegados ahora de amor. Amor, que tiene cada célula de su sangre. Sangre blanca, como si los leucocitos se hubieran apoderado de su cuerpo. Quizás por eso sea tan fuerte de cabeza, tan fuerte de alma. Corazón de diamante, que se desintegraba como el grafito a cada instante, hace unos años. Ahora a ver quién tiene huevos a rayárselo otra vez, conmigo delante. Porque ella dice que presume de amigo, pero no sabe lo mucho que sonrío, al ver en mi móvil cada mensaje suyo. Y créanme que no huyo, cuando quise decir y no pude. Tan solo disfruto de sus días soleados, y de sus noches de luces.

MI corazón late rápido al escribir este texto. Mi mente, en cambio, busca la palabra perfecta. Porque es difícil escribir sereno con tanta imagen en la cabeza. Tantas experiencias juntos y tan pocas a su lado. Porque sé que estoy ahí, aunque sea pesado al insistir en que cuesta demasiado ser el primero en la cola de parados. Una cola inmensa. Una alegría que emociona, porque eso quiere decir, que nunca estará sola, pase lo que pase. Y no sé por qué hablo en tercera persona. Lo que daría por hablar en la primera persona del plural, aunque eso es cosa de dos, no de una en particular. Así que hablaré en segunda, con el que quiero que te sientas identificada, como si tú y yo estuviéramos cara a cara. Como si cada palabra de este texto, saliera de mi boca, aunque más bien sale directamente de mi alma.

NIÑA también fuiste, aunque te describa como diosa. Y dices que bien diferente eras, cuando mis ojos te percibieron. Un cristal entre tus ojos y mis ojos. Una sonrisa en la cara, el reflejo inverso de tu corazón. Pero eres cariñosa como tú sola, tanto antes como ahora, aunque hubiera gente que quisiera destrozar tu cristal, y no lo consiguieron. La envidia es lo que tiene, nos come poco a poco. El tiempo, nos enseñará a todos quien tenía el control. Pero hasta aquí he llegado y no es poca cosa. Cuando supe de tu existencia, creía que sería un fantasma más en esta vida que siento. Al final no, las fotos no engañan. Tus “Buenas noches” tampoco. Siempre me costará creérmelo, aunque me lo repitas 1000 veces. Cada vez que me hablas me late el corazón. Será por eso que no he caído todavía. Siempre estás tú ahí, soportando mi peso. Hasta que te canses de mí. Pero ya es hora de poner pie en el suelo, y andar yo por mi cuenta. Sin miedo, con todo. Es hora de meterme tu experiencia, a patadas, en mi cabeza. Como sea, como quiera ser, como tenga que ser. Es hora de secar la almohada, es hora de ponerme delante del destino que me cegaba. Hora de mirarse al espejo, con ojos cambiados. Ojos que se acostumbrarán lentamente, al ritmo de una nueva vida. Al brillo de un nuevo Sol. Al olor de una flor en este campo estéril. Flor que regaste sin descanso. Flor que veo por la mañana, y que acaricio como si cada pétalo fuera tu mejilla. Tiene tu nombre. Y daré la vida por ella. Por ti. Por verte sonreír, sin necesidad de forzar tus labios.

TE veo, aunque poco. En persona digo, ya que en mi retina te veo todos los días. ¿Cuántas veces habré visto tus fotos? Ya ni me acuerdo de la cifra. Te veo hasta en dibujos en blanco y negro, te veo hasta en las nubes de reojo. Escucho tu nombre, y giro la cabeza, aun sabiendo que estás en la otra parte de la Tierra. ¿Quién sabe? Si te encontré en Badajoz con esa sonrisa, quizás te encuentre en Marte. A Marte. La de casualidades que tiene la vida, eh. Como encontrarte a mi vera, en un autobús de mala muerte. En una experiencia, que te metiste por una amiga. Olimpiada de Geología, en el que conocí a una piedra preciosa. ¿Qué curioso no? Casualidades, como estar en mi piscina y quitarte, cuando yo me inscribía en ella. La vida está llena de casualidades. Y tú fuiste una de las más bonitas. Y lo que es mejor, tú fuiste el primer flechazo con sentido. No un gusto absurdo, sino más bien un querer desde la “q” hasta la “r” sin perderme por el camino. Y me encantó como me enganchaste desde el primer momento, como un trozo de velcro que no quería despegarse. Pero tocaba desprenderse, para poder crecer y seguir viviendo sin desesperarse. Para poder darte las buenas noches, sin caer en la tentación de besarte.

QUIERO acabar, y no puedo parar de escribir. Escribo sin pensar ya, tan solo por soltar todo lo que no he soltado. Soltar que te quiero, cerquita o lejos, pero recuérdame siempre como aquél que solo quiso acompañarte a tu destino. Destino que te espera, si no estás con él ya, que puede ser. Sé feliz en este mundo infeliz, en este mundo de máscaras e hipocresía. Tanta hipocresía, que cuesta respirar sin dudar. Dudamos de todo y de todos, aunque todo se demuestra con el tiempo. El tiempo es oro, y hay tan poco tiempo para desperdiciarlo. Desperdiciar es no aprovechar lo que tenemos. Tenemos mucho, y no queremos. Queremos todo, y lo perdemos. Perdemos la vida intentando conseguir lo imposible, cuando lo posible está besando nuestras manos llenas de sangre. Sangramos odio, cuando podríamos sangrar amor. Amamos lo que nos odia, odiamos lo que nos aprecia y tenemos asegurado. Seguro no hay nada, es lo que tú me has demostrado. Me mostraste que todo puede pasar, mientras que yo, con mi escudo, te digo que todo ha pasado. Pasas de mi pesimismo, y lo intentas poner en modo inverso. En verso te agradezco yo lo que has hecho. Hago lo que puedo por hacerte caso, ya lo sabes. Sé que es difícil de explicar, pero mi miedo me quema el corazón. Coraza de hielo, que se derrite con tu calor como un copo de nieve en tus manos. Manos, que quiero llegar a sentir. Asiento tu crítica de que hoy no es mi día. Digamos, que mi día murió cuando te conocí. Antes, mi tiempo se medía en años. Ahora los mido en segundos. Los segundos que te tengo enfrente de mis ojos.
Los Ojos Ultrasensibles Relucen Demasiado Esperando Sonreírte. Tú fuiste la primera letra de mi abecedario. Un día, la palabra “amor” se cambiará por Lourdes. Muchos no querrán, porque no creen en el amor a contracorriente. Dicen que el amor es especial. No se han dado cuenta de que tú también lo eres. No, miento. Tú lo eres más. 

sábado, 12 de julio de 2014

Dos estrellas perdidas. Dos sueños cumplidos.



Te veo ahora mismo, o quiero llegar a verte. Sábado por la noche. No sabría decirte hora, o más bien no me atrevo a decírtela. Si apenas tuve valor para escribirte, era evidente que no iba a ser valiente a la “hora de la verdad”. Pero esta vez, me voy a mojar. Podría ser entre las 10 y las 12, para lo cual, debo suponer que tus ojos juguetones no podrían esperar más tiempo, y necesitaban una inyección de lectura. Quizá, sean las 3AM y no puedas dormir, y quieras descansar tu vista en este texto a medio hacer, y que poco a poco, eres tú la que lo construye en el palacio de la imaginación. O puede que no sea ni lo uno, ni lo otro, y que solo te apetezca descubrir lo que este autor trae para ti. 

Sí, porque este texto es tuyo. Tiene tu nombre. Es especial, y eso te cautiva. Es como una pieza única de un museo. Es como un fragmento de vida, en un papel sin argumento. Una biosfera creada exclusivamente para ti. Tu huella dactilar se puede definir entre estas palabras. Es como una obra de arte dedicada, pero sin ser arte. El arte se lo pones tú.

Te muerdes el labio mientras te sientas para leerlo. Lees con detenimiento, buscando la belleza esperada. Buscando esa elegancia que te haga sonreír, y no despegar tu vista del papel. Esa vista, que me cautiva. Y es que, este papel es especial. Es un papel privilegiado por haber sido leído por esos ojos color “no lo sé ni yo”. Y te ríes, porque no sé de qué color son tus ojos a pesar de lo mucho que los admiro. A pesar de lo mucho que me gustan. Lo que sí sé es que son dos perlitas, que muchos han buscado, y pocas veces han encontrado. Y yo soy un minero agotado, que ve en tus ojos, el motivo de tanto esfuerzo. Y sonrío, cuando los miro con detenimiento, como si hubiera encontrado la Octava Maravilla. Tú sonríes con mi sonrisa, porque no entiendes el motivo de la misma, y eso te inquieta. Pero volvamos al presente. Tus ojos han llegado hasta aquí, has llegado a esta línea. Quizás sorprendida, quizás decepcionada

Pasemos pues a lo interesante. Pasemos de escribir a recitar. Las manos que han escrito estas palabras están deseosas de tocar las que sujetan ahora este papel. Mis brazos, solo quieren encontrar ese peluche achuchable que tú dices ser (y te creo). Y pelearé por ello, hasta que llegue el último atardecer, hasta que el otoño empiece a envejecer y les salgan canas hasta en los pies. Pero muchas veces, el protagonista no suele vencer. Este puede ser uno de esos casos (quien sabe) y quizás no te llegue a ver. Y con ello, no puedas comprobar mi miedo a la noche, mis risas, tus reproches, mis besos, tus colores. Tus abrazos, los míos el doble. Cuando lo leas, estaré a kilómetros de ti. Pero este texto, estará a menos de un metro. Y si le doy la esencia suficiente, puedo llegar a ser yo mismo la tinta impresa en él, y estar a solo centímetros de tus ojos verdes-grises-azules, o de cualquiera de los tintes imposibles. Por ello, este texto soy yo, y es para ti. Sonrío desde casa, al verte sonreír. ¿Para que están los amigos, si no es para quererlos hasta un sinfín de eternidad? Un sinfín de felicidad. El amor. La amistad. Todos conceptos abstractos, pero que son los que se sienten el alma. Llamémoslos sentimientos ocultos. Porque me costará soltarlos de esas cadenas oxidadas. Sin saber los efectos, sin saber lo que fecundo. Y es que ocultar tiene el riesgo de no saber. Y no saber tiene el riesgo de desperdiciar. Pero no sé por qué te suelto esto, quizás para rellenar más este papel. Cuanto más ponga, más tendrás que leer y más tendrá que aguantar “el búho”. No soy tan malo anda, tan solo soy uno de los tuyos. Uno de esos que matarían por llevarte el desayuno, o ser uno de los que están contigo hasta que cierres la puerta y tornes el seguro.

Querría ser, pero cuesta. Te conozco de una vez en Nochevieja. Y más tarde, de otras noches, con el móvil, contigo despierta. Con infinidad de promesas, y de falsas esperanzas. De abrazos vacíos, de buenas noches a distancia. De oportunidades malgastadas, de mensajes por la mañana. Y sin quererlo, me metí en tu casa, en forma de sobre, en forma de carta. No es lo mismo, porque si fuera yo el que te tiene en sus manos, te daría más conversación. O no, quien sabe. A lo mejor me quedaba mirando tus ojos, hasta que te despertarás y me dijeras “adiós”.

Pero ya es tarde, y estarás cansada. Puedo ver tus ojeras, puedo oler tu mirada. Tus ojos quizás no terminen cada línea, o pasen párrafos de pasada. Es cierto que es tarde, o quizás esto sea un bostezo de princesa encantada. No creo, porque tú no descansas, tú despiertas al alba. Y si alguien te diera una manzana (sandía) envenenada, tardaría años en hacerte efecto. Quizás por eso, no hemos hablado antes, porque ahora te ha llegado el efecto de mi picadura literaria. Pero no te preocupes, no es nada, es prácticamente inmune a tu corazón de ballena varada. Porque quiero conocer ese corazoncito, que ha sido dañado. Sola y desolada. Pero eh, aquí estamos todos los demás para que ese corazón, sea el más privilegiado. Para que sonría, con cada segundo, con cada latido, con cada día en este mundo. Los amigos pueden llegar a hacer eso, y yo quiero llegar a ser uno de ellos. Así que estaré esperando en Badajoz, por sí algún día te acercas, o si quieres, pásate a menudo por estas tierras. No es Vigo, pero parecido. No es Socuéllamos, pero tiene su encanto. Estoy yo, al menos. No sé si te sirve de algo. 

Aun así, estoy sin ideas. La poesía ha dejado de hacer efecto, y la novela ahora corre por las venas. Creo que te lo digo todo, pero en realidad no te digo nada. Pero bueno, todo lo entenderás con el paso del tiempo. Ahora vive, y no mires atrás. Sonríe como si no hubiera un mañana. Vive para contarlo. Cuenta para vivirlo otra vez. Sueña. Sueña, pero no hace falta cerrar los ojos. Y menos esos ojos, esos ojos que fulminan la mirada conectada entre tú y otra víctima de tu flechazo de color. Vive el rock. Haz que esa mítica frase “Pizza, sexo y Rock n´ Roll” no sea un tópico, sino tu vivir diario. Despiértate cada mañana con eso que te hace feliz. Felicítate a ti misma por haber sido fuerte, y no escuchar al iceberg que quería hundir tu barco. Ese barco, en el que me dejaste subir, después de estar naufragando por esas frías aguas. Y por eso ahora te digo que no sueltes el timón, sigue tu camino. No busques el destino, sino que sea él el que te busque. Busca la verdad, y no hagas que la mentira se alce con la victoria. Vence a tus malas hierbas, y siembra el mejor cultivo. Cultiva tu mente, cultiva tu corazón. Que no te digan que sentir. Que el sienta lo que quiera. Quiere con ganas aquello que te importe y no lo sueltes. Solo suelta esas cadenas que te apresan, y con ellas encadena la vergüenza. Yo conocí a esa Agostina. Muestra al mundo quien eres tú. Muestra al mundo, que no solo hay una Argentina. Hay dos, y una está en mi vida. Esa eres tú. Y me alegro de decirte que ojalá sigas aquí hasta que nos aburramos de contar arrugas. Buenas noches. Te quiero.


viernes, 27 de junio de 2014

¿Caes del cielo? ¿O subo al cielo a por ti?

¿Por qué nos levantamos cuando sale el Sol y nos dormimos cuando desaparece del cielo?
¿Por qué estamos tristes, y aún así escondemos la tristeza en una sonrisa?
¿Por qué estamos tristes? ¿Por qué no se cumplen nuestros sueños?
Vemos la vida tan fácil, tan inocente y tan bonita que nos hace enamorarnos. Sí, nos enamoramos de la vida. Porque, al fin y al cabo, hay muchas chicas en esta vida. Pero vida solo hay una. Nos aferramos a ella, como un náufrago a una tabla en el océano. Nacemos con una mano en la tabla, y a lo largo de la vida, nos enseñan a poner la otra mano, y subirnos sobre ella (a resguardo, como quieren convencernos). ¿Pero, y si nos soltamos? ¿Y si, dejamos que sea el océano el que decida si vivir o morir? ¿Y si hacemos eso con la vida? Soltémonos de toda atadura. Sin riesgos ni limitaciones. No tengamos miedo a morir. Nacimos con diferentes propósitos. Cumplámoslos sin necesidad de obedecer, porque serán las olas las que nos lleven a la orilla, si de verdad es legítimo, o si el azar hace que lo merezcamos. Y es que, la vida es azar. No somos mas que un número del 1 al 6 en este dado cúbico. Somos probabilidades, somos porcentajes. Y eso es lo que nos hace especiales.
Sin embargo, yo me subí al barco de la seguridad. Al barco del miedo. Pretendo tener controlado todo desde aquí arriba, pero me pierdo la libertad del mar, la inseguridad de ahí abajo.
¿Y lo bonito que es saber que mañana quizás no salga el Sol? ¿O que hoy, sea el último día de nuestras vidas? Hay que vivir cada día como si fuera el último. Hay que sonreírle a la tristeza. Hay que hacerle cosquillas a tus mejillas mojadas. Hay que acariciarte, como si fueras tan solo un destello: una estrella fugaz que se perdió por el camino, y acabó en nuestras manos. Esas manos que ahora comparten deseos. Deseos que se alegran de habernos encontrado. Pero más nos alegramos nosotros de haberte perdido frente a nuestros ojos. Besarte hasta perder el sentido. Perder el sentido de nuestro primer beso, porque hemos perdido la cuenta. Sin darnos cuenta que seguimos besándonos, pero no nos importa. El día es largo, la noche es bella. Quizás seas noche, porque apareciste en ella. Quizás seas un trozo de Luna, que brilla como ninguna. Pero yo sé que eres estrella, porque te pedimos un deseo, sin llegar a entender, que tú tenías el mismo. Y no entendemos, por qué te decimos "Te quiero". Más bien, es "Te debo la vida". Tu apareciste, sin querer. Nosotros quisimos que "no quisieras". Pero el destino es caprichoso. Estabas destinada a estos labios. Y besabas, como si fuera tu primera vez. Pero, eres estrella. Vives para el cielo, ¿cuántas veces lo habrás besado? Por eso eres nuestro cielo. Besar el cielo, al besarte. Te conviertes en princesa, cuando nos besas. Princesa estrellada. Estrella con corona.
Yo tan solo soy un sapo, que no encuentra princesa. Unas vagan por el cielo, sin haberse transformado. Otras ya han sido deseadas. Por eso miro al cielo, pero no peleo por ninguna. Tan solo espero que una de esas estrellas, sea un meteoro. Yo no soy de los que tiran piedras al cielo, a ver si alguna cae. ¿Para que gastar pólvora de esta pistola sin recámara? Algún día, el cielo se caerá a pedazos. Ese día te veré. Te sonreiré. Y besaré el cielo por primera vez, aunque no sea de tus labios. Aunque sea el fin del mundo. Aunque muera en el intento.