El amor destruye lo que el corazón quiere construir. Cupido disfruta viéndonos sufrir, viéndonos reír. Te pido que olvidemos esto que ha podido ocurrir. Te pido que volvamos a empezar, recordando el futuro que íbamos a vivir. Te voy a echar de menos. No recordaba lo duro que es verte partir.
Era una noche fría y oscura, y en el cielo no querían salir ni las estrellas. Parecía que el ambiente sabía la historia y por tanto, no querían ni acercarse a ella. Caminaba sin rumbo mirando al suelo por tener un sitio dónde enfocar, perdíendome aquéllo que me ofrecía el mundo. Viendo la vida pasar.
Una sombra parecía seguirme, pero yo no me asustaba. Eran caricias cariñosas de un viento otoñal buscando su hoja anaranjada, y yo caí del árbol hace tiempo porque ya no me necesitaban. Esa noche, bailaba con sus risas silbadas, y sonreía para ver si la encontraba escondida en un rincón, agachada, mirándome con ojos prohibidos en esta tierra caducada.
La estaba esperando desde hace mucho tiempo aunque yo no lo sabía o no quería volver a abrir mis heridas. Ahora era distinto.
Yo no la veía. No la podía ver, pero no me importaba. Había otros cuatro sentidos que se peleaban por sentirla. Y se reía, porque sabía que era un desastre ligando, y más con alguien que no tiene vida. Más, con alguien que yo mismo vi marcharse al fin del mundo cuando aquí había de todo menos prisa.
Jugaba con mi sonrisa mientras yo besaba lo desconocido. Las lágrimas salían sin pedir permiso pero no llegaban a tocar el suelo sino que se desvanecían en su piel de sueños. En su imposible tejido del que está hecho el cielo. Era aire enamorado. Y yo un viento huracanado en un abismo.
Me acompañaba a todas partes. Se metía en mi casa sin que nadie pudiera verla. Volví a enamorarme del amor de mi vida. Volvió a enamorarse como antes, del de antes. Aquél chico que no vio en el lugar dónde van los que ya no están. Los que abandonan sin avisar, sin dar un beso antes de marcharse.
Es duro saber que estás muerto, y ella ya era débil cuando corría vida por sus venas. Es como quedarte tuerto del único ojo que te queda. La escuchaba por las noches llorar en silencio y morir de pena aunque ya no pudiera hacerlo. El odio se iba apoderando de ella. El odio a esta vida que se va cuando menos te lo esperas. Por eso empezó a arrebatársela a los demás. Ahí, empezó a morir de verdad.
Poco a poco fue cambiando, y ya ni siquiera me acompañaba. Estaba desesperada por vivir la muerte de los que se despertaban por la mañana. Ya ni me escuchaba. No entendía que eso no le devolvería lo que le quitaron. Lo que nos quitaron sin haber hecho nada malo. Pero no se puede viajar al pasado porque la arena del reloj solo cae hacia abajo. Seguía sin hacerme caso, y veía como seguía arrebatando vidas con sus propias manos, o con lo que fuera que estuviera usando. Estaba harto. Harto de ver esfumarse una vida, como ya vi con la persona que he amado. Tuve que hacer algo pero no se puede parar una avalancha poniéndote debajo.
Aun así, era el único remedio. La única manera de vivir en paz era que ella me quitara la vida. Cuando noté su perfume en mi cara a medida que me levantaba, la vi delante de mis ojos. La vi llorando y pidiéndome ayuda. Yo no hice nada, ya no podía. Mis manos no se movían, y mi corazón ya no respondía.
Había muerto a manos de quien me había dado un motivo por el que vivir. Aquí estoy, esperándote a que vuelvas a por mí. Que nos encontremos en París, donde te vi por primera vez. Que viajemos por el mundo sin necesidad de coger el tren. Pero sé que no te voy a volver a ver. Porque yo estoy dónde tú no quisiste ir, y tú estás dónde no querías que me fuera. Estamos separados por una luz que te ciega.
Estamos dónde no queremos estar. Porque el amor destruye, sí. El amor destruye la distancia que tú querías acortar. Y tú, no querías darte cuenta. O no lo querías contar. Ahora estamos los dos muertos, y no me vas a encontrar. Te voy a echar de menos porque tú, echaste de más.
martes, 9 de agosto de 2016
martes, 2 de agosto de 2016
Empezar por el final.
Todo empieza y todo acaba. Hasta este texto tendrá su final, como también tuvo su comienzo. ¿Pero qué es el final, y qué es el comienzo? ¿Y si el final no es más que un comienzo, y empezar, no es sino terminar? ¿Y si, en realidad no nacemos, sino que morimos en otra vida, y perdemos lo que tenemos? ¿Y si en realidad el Sol no sale por la mañana, sino que atardece en el amanecer de la montaña? Vivimos en un mundo de locos, en el que volver es marchar, y retroceder es avanzar, y en el que busco tu ausencia en tu rostro. Perseguimos al Sol, cuando es el Sol el que nos persigue a nosotros, como un solitario girasol cuando el cielo ha nublado sus ojos. Nos matamos por saber a dónde nos lleva la muerte, en vez de pensar en lo que nos trae la vida. Pero es que somos no mas que un atardecer que se pone por el este, o un amanecer que nunca ha sabido como subir la colina. No pensamos lo que sabemos, ni sabemos lo que pensamos. Mas bien actuamos, según el viento nos indique uno u otro lado. Y ahora el viento me dice que quiero ver el amanecer poniente, y el día estrellado, en la hierba sentado y sonriente, besando tus palabras furtivas como siempre he amado. Tú te preguntas: ¿Es ese el Planteamiento, o es el Desenlace de esta historia? Yo te susurro que eso no será un comienzo, tampoco será el tipico "The End" de una película antigua. No quiero contarte lo que es, porque si digo la verdad miento. Pero te lo diré con gritos mudos: no quiero que empiece mi vida, y terminen tus días. Digamos que quiero que continúes siendo tú, porque yo acabo de empezar a ver tu luz, que enrojece el cielo de azul intenso, que derrite el hielo de esa mirada, y que yo pienso, que inundará tu todo, donde tú ves que no hay nada. Ahora te pregunto yo: ¿Me acompañas en mi carretera solitaria, buscando la caída del Sol? Si aceptas, plasma este recuerdo en el álbum de la memoria, y recuerda que yo te quiero. Pero las estrellas son envidiosas, y quieren ser tú y ser yo. Quieren ser nosotros. Yo solo quiero ser tu cielo anaranjado.
Hasta que la muerte no se pare
Abro los ojos cómo si de un sueño se tratara. El ruido de los trenes se sigue escuchando con nitidez en las vías. Me levanto del suelo y la luz es lo único que me acompaña. Sin embargo, hay un ambiente diferente. Me froto los ojos y me doy palmaditas en la cara, aunque sigo igual de dormido que siempre. Algo me llama la atención. Algo me cautiva, como volver a escuchar mi canción favorita. ¿Qué hago aquí? Miro, escucho, toco, huelo y saboreo. Sonrío. Mis manos tenían un olor dulce y mis labios estaban perdidos. Mis oídos intentan recuperar el aire que había salido de tu boca, y mi mirada, al no encontrarte, sigue igual de rota. No me acuerdo de nada, pero mi cuerpo recuerda todo. Cuando miraba el reloj de arena todo se había convertido en polvo. Por eso busco en cada parte de mí, por si hubiera más pistas de ti. Porque cada pedacito de mi esencia parece echarte de menos. ¿Cómo te llamas? ¿Quién eres de hecho? Todavía no te conozco, pero tengo la sensación de que eres importante. Mi corazón está hecho trozos y tú viajas en primera clase. Así que haz el favor de bajarte de ese mundo y venirte al mío, porque te quiero encontrar al fin y ver donde muere el río.
No obstante, esto se ha convertido en un oasis de arena.
Todo es un espejismo y me veo solo entre tanta pena. ¿Por qué me encadenaste y
tiraste la llave al mar? ¿No ves que tengo tu veneno y me como hasta las
letras? Ven, aunque es mejor que no vengas ya porque en el cielo está
reinando la oscuridad. En el firmamento estoy viendo más de una estrella fugaz;
aunque ahora que lo pienso, quizás eres tú, sin mí, que no paras de cruzar.
Estás en todos los rincones, pero al darme la vuelta ya no estás. Me has vuelto
loco. A lo mejor ya lo estaba. A lo mejor no eres nadie. A lo mejor eres
todo y no te aclaras.
Sé que tú no estás pensando en mí. Sé que eso a ti no te va,
aunque no sepa ni cuál es tu color de ojos. Pero lo sé. Como sé que sigues
maldiciendo a mil sin tener que quitarte el pintalabios rojo. A ti te
gusta jugar y jugaste con mi vida. A mí ya me has ganado, y si volvieras, me
volvería a dejar. Pero no vuelves, porque repetir es para los que se conforman.
No sabes que sigo esperándote aquí, en esta estación de tren donde no pasan ni
las horas. En mitad de la nada.
Pasan los días y no apareces. Las paredes se cierran cada
vez más y no lo evitas. Mi desesperación me devora y no vienes a socorrerme.
¿Crees que no sé lo que pretendes? Tiraste una granada en esta parte del
mundo. Me dejaste vivir para que me desangrara buscando refugio. Pero ya
no puedo más. Buscaste guerra portando la paloma de la paz y me hundo. Creía
que eras felicidad. Creía que eras ilusión. Soy tan solo un iluso.
Solo quiero morir, porque esta herida no cicatriza. Es lo
que tiene apuñalar el corazón, que no te da tiempo ni a ver al homicida. Así
que, si al final vienes a verme, ciérrame los ojos.
Y esta vez no me despiertes.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)