viernes, 25 de abril de 2014

Vivir mi sueño. Soñar mi vida.

Haya un sol radiante en el cielo
o haya un fuerte y gélido viento.
Se haya cansado de mí el tiempo,
o haya sido lo mas incierto
posible, en el posible centro,
lo cierto es que te llevo dentro
del corazón de negro espectro,
más que un nocturno gato negro
o tinta negra de un tintero.
Corazón roto pero entero,
mas extenso que un doble cero
que ojalá fuera duradero.
¿Duradero? No hay nada eterno
Ni el cielo azul, ni el rojo infierno.
Solo que el tiempo pasa lento
cuando veo tus besos, cientos
de ellos. Nunca me cansaré.
Más bellos que un amanecer.
Y yo los veo florecer,
y espero mi primera vez.
Los veo pero no los siento.
En silencio...
Pero ya llegará el momento,
en el que se olvide el lamento.
Porque muero por encontrarte,
por abrazarte y no soltarte,
por besarte y acariciarte.
Por no cansarme de mirarte.
Por mi feliz imagen soñada
tantas veces en la almohada.
Una (mi) princesa encantada,
por la manzana envenenada.
Por eso nunca dormiré
a tu lado, no cerraré
mis ojos. No quiero perder
mi sueño, y despertar, y no ser...

sábado, 19 de abril de 2014

Enamorarse...

Enamorarse. ¿Qué hay de malo en eso? ¿Qué hay de malo en querer hacer feliz a una persona, en querer verla sonreír pase lo que pase, en querer secar esas lágrimas llenas de engaño y desamor? Pues sí (podemos pensar), ya que toda moneda tiene una cara y una cruz. Todo se basa, en ser correspondido o no serlo. Pero no nos engañemos, ser correspondido es muy difícil, y necesitas tener suerte, o más bien, dejar al azar que haga su parte. Pero lo cierto es, que no es necesario serlo, para ser feliz. Os lo digo sinceramente, porque cuando me enamoraré, y buscaba un boleto ganador entre tantas hojas otoñales, me di cuenta de que mi moneda (nuestra moneda) era de dos caras. Tú pintaste tu cara en el reverso. La tiraba al aire, y solo salías tú. Tú, en mi moneda, sonreías, porque solo te tenía a ti, y yo también sonreía, porque eso significaba que ya no había cruz, que mis lamentos se habían callado con tu mirada silenciosa. Te llevaba a todas partes, eras mi moneda intransferible. Un día, mientras caminaba en mitad del bosque, en uno de esos destellos, cuando bailabas en el aire, percibí una figura borrosa en el camino. Esa mirada no engañaba, y esa sonrisa fascinante te delataba. Eras tú, en persona, que quisiste hacer del azar un mero juego. Me quitaste la moneda, cerraste los ojos, y la tiraste al riachuelo en el que chapoteaban los helechos y demás seres que desean sentir el agua de la vida. Yo me quedé sorprendido, pero tus ojos me hacían perderme en el camino, por lo que, hipnotizado, no te llegué a gritar. Pero te pregunté, y te mencioné con la voz más delicada que pude, por si fueras un sueño del que nunca querría despertar. Te pregunté por qué me quitaste de mis manos lo que más había querido. Tu voz, que se mezclaba con la de la naturaleza, tan bella y tan pura, me dijo que ya no la necesitaría. Y es cierto, ya no existía azar alguno. Solo estabas tú en mi vida. Pero la verdad es que muchas veces nos aferramos al azar, a la suerte, y rezamos para que seamos el amor de nuestro amor. No nos damos cuenta de lo que pasa en realidad: ya no hace falta tirar la moneda, porque ya fuimos correspondidos. Esa sonrisa que te origina ver su sonrisa, y ese abrazo que le darías el día de su boda con su chico. Ahí ya se ve, que tu "cara" y tu "cruz", no son más que reflejos de tu chica/o. Solo puedes salir tú en mi moneda. Y solo saldrás tú. Cada uno tiene su moneda. Y es que hay tantas, y cambian tanto de manos, que es difícil encontrar mi moneda en tu bolsillo. Pero, aquí me verás enseñando la mía con tu cara, hasta que el oro se convierta en plata. Qué bonito es el amor y qué difícil parece encontrarlo, ¿no? Pero dale la vuelta al amor: ROMA. Todos los caminos llevan a Roma. Todos los caminos llevan al amor. Te encontraré, pase lo que pase. Y que decir más, que no te haya dicho antes. Que te quiero, aunque parezca que me muero.


miércoles, 16 de abril de 2014

Marineros de cielo iluminado

La estampa que dejas en el cielo,        Con solo mirar arriba
no es cosa de un día,                          ya te veo brillar como nunca antes
y no es cosa del tiempo.                     como una estrella perdida                     Y cuando llegue a mi destino,
Será cosa mía,                                   que barre con prisa                              con mis hombres a mi lado,
pero yo no era el viento,                       el mar negro del que surges                 recordaré el sentido
sino que tú sola te movías.                   destrozada y malherida.
                                                                                                                    que le dabas al navío,
Esas nubes doradas desteñidas,          Pero ahí sigues iluminando                     a mi corazón navegante
posándose en el triste amanecer,         aunque el tiempo sea adverso.                en este helado camino.
mas triste que una despedida.              Sonrisas mil sigues sacando,
Quizás esta estampa amarilla              de la nada ilusionando                           Solo pedirte que cuando mires,
me quiere dar a entender                     a mil ojos, que aprecias tus besos            desde el cielo oscurecido,
que aún te queda vida                          y abrazos. Solitaria, sigues pensando.      me sonrías como antes.

en el camino infinito,                            Nunca vivirás sola,                                 Y que cuando por fin bajes,

de oscuridad y claridad,                       porque mi barco seguirá en el mar,         de tu sueño prohibido,
pero a su lado, contigo.                        pese a las bravuras de las olas.             me encuentres, y me abraces.
¿Es esto en realidad bonito                  Quien no piense igual, fuera de la cola,
o es que la felicidad                             no hay sitio para más
ha sido tan solo un suspiro?                piratas con alma de pistola.




lunes, 14 de abril de 2014

Ataduras

Me quedo mirando el cielo. 
El cielo también me mira. 
No sé si estoy lejos, 
o es que la distancia me suspira, 
pero hay veces que hasta el viento fresco
 me frena y me castiga.

Un viento que no se quita, 
un muro de hielo. 
El aire que no me esquiva, 
una cerradura de hierro 
forjada en la tierra divina, 
de la que yo tengo recuerdo
y pienso:

"Atrápame fuerte... Abrázame fuerte... 
tan fuerte que deje mella en mi cuerpo
 y cada mañana me levante 
y sea como si me siguieras abrazando entero,
 un abrazo en cada instante.

Quiéreme, quiéreme aunque duele. 
Herida abierta que se cura con esmero. 
Cicatriz que desangra, cicatriz que se siente. 
Un dolor que anda suelto. 
Un llanto con suerte"


domingo, 13 de abril de 2014

Como te conocí

Cielo de oro. Corazón de plata. Todavía sigo mirando al Sol en tus ojos de escarlata. Y cuánto más los miro, más se enamora mi alma. Ese alma que recuerda cómo conoció a su dama. Cómo en un instante de nada, me convertí en tu caballito de mar salada. Y lo recuerda como si de ayer se tratara, como si no cayera más arena en este juego de magia.
Era un día gris, con toques amarillos del alba. Tú sonreías, tus labios sonreían a distancia. Tu belleza, tu mirada, y tu elegancia, esas cosas que pocas personas te igualan. La suerte se me ponía de cara, cuanto vi que tus ojos me miraban. Estábamos sentados. Era la hora de comernos a miradas. Con un tenedor y un cuchillo cortabas el fino hilo que nos conectaba. Cuando notaste mis ojos (cuando notaste de pasada, que un chico te observaba) me regalaste una sonrisa que se encuentra en mi corazón sellada.
Cuando quise digerir esa fotografía soñada, cuando creía que mi vida se acortaba, te encontré de repente sentada en esa butaca de piel gastada. Venías conmigo a observar las diversas formas del magma. Mis ojos te miraban, pero mi boca continuaba cerrada. Se limitaba a estirarse, cuando tu perfume se notaba. Y es que sobraban las palabras. Tú supiste que en ti algo buscaba. No supiste que eras la razón de mi alma enamorada.
Después de esa experiencia abstracta, de esa lotería ganada, decidiste conocerme, ayudar a aquel chico que te miraba, que te soñaba, que te amaba. Y es que ese año era el último en el que te vería con la bandeja plateada. Ese año te marchabas, pero sin antes despedirte, diciendo que volverías alguna que otra semana. Y vaya que si cumpliste tu promesa pasada.
Tus visitas no solo alegraban a miles de personas cansadas. También al que esta escribiendo esto con la luz de la pantalla. Le hacías cambiar, alejarse de la vida cotidiana, y solo pensar en ti, como un cisne que entona su melodía desesperada, pero que es lo que le hace seguir flotando, vagando en la noche estrellada.
Y es que no hay mañana que me levante sin pensarte, sin el presente de mirarte, con el pasado y el futuro distantes, solo queriendo vivir cada instante de mi vida con tu sonrisa delante. Viviendo la vida como si no hubiera otro momento después de la muerte, de la que llevo huyendo. Yo seguiré escribiendo mientras el cielo nocturno sea negro. Yo te seguiré queriendo, hasta que estas manos se conviertan en polvo eterno. Y viviremos viajando por el mundo juntos, cómo cuando quisimos conocernos por dentro. Un nudo enredado, el nudo de la amistad sin fin concreto, infinito en el tiempo...